Te comparto la sugerencia de trabajo interno para el HOY.
Utilizaremos la energía del día para valorar el sentido de la amistad.
-Llamó a su amigo y le dijo: Necesito dinero, mi madre está enferma no tengo dinero para los medicamentos.
-Su amigo respondió: “está bien, mi querido amigo, déjame organizarme para ver como te apoyo. Hablemos más tarde”.
-Dicho y hecho, él lo llamó, pero el teléfono estaba apagado. Trato de llamar una y otra vez, hasta que se cansó. Fue a buscar a otro amigo que pudiera ayudarlo, pero no pudo encontrar a ninguno… Triste y decepcionado con ese amigo, que lo abandonó y apago el teléfono cuando el mas lo necesitaba. Volvió a la casa y encontró una bolsa con medicamentos, junto a la almohada donde su madre estaba durmiendo. Le preguntó a su hermano quien las había comprado y su hermano le dijo:
-“Vino tu amigo, recogió las recetas, salió y regresó con las medicinas. Se fue hace un rato.
-“Sonrió; con lagrimas en los ojos, y salió a buscar a su amigo. Cuando encontró a su amigo le preguntó ¿dónde has estado? ¿te he estado buscando y no contestas el teléfono?
-El amigo dijo: “amigo, vendí el teléfono y compre los medicamentos para tu madre”.
¿Has vivido una situación parecida? Tal vez has recibido una atención especial sin saber lo que la otra persona dejó o tuvo que hacer para apoyarte.
O al revés, has dado una atención especial a un amigo y te has guardado para ti todo lo que tuviste que hacer para lograrlo porque honraste la amistad y no tu ego salvador.
EJERCICIO DE ATENCIÓN PLENA: Respiro siete veces profunda, suave y conscientemente; disfruto de mi silencio y coopero con mis sentidos para sincronizarme con mi sabiduría interna y darme cuenta que si una amistad se termina es porque nunca había empezado. Los verdaderos amigos no se enojan por tonterías; se ríen de ellas.
Aquí y ahora reflexiono que a veces cuesta trabajo entender a quien recibe que no damos porque nos sobra; damos porque lo piden y entendemos que ellos lo necesitan (tiempo, dinero, cuidado, escucha, aliento, apoyo moral, etc.).
El verdadero amigo es un hermano de madre diferente.
Buen día, te comparto la sugerencia de trabajo interno para el hoy. Utilizaremos la energía del día para sembrar palabras que construyen.
Un famoso escritor estaba en su estudio, tomó lápiz y papel y comenzó a escribir:
El año pasado tuve una cirugía y me quitaron la vesícula biliar. Tuve que quedarme en cama por un largo tiempo. El mismo año llegué a la edad de 60, tuve que renunciar a mi trabajo favorito. Permanecí 30 años de mi vida en esa editorial. El mismo año experimenté el dolor por la muerte de mi padre y mi hijo fracasó en su examen médico porque tuvo un accidente de automóvil y estuvo hospitalizado con el yeso durante varios días. La destrucción del coche fue otra pérdida. Al final escribió: ¡Fue un año tan malo!
Cuando la esposa del escritor entró en la habitación, lo encontró agotado con la cabeza descansando sobre sus brazos, en la mesa. Leyó lo que estaba escrito en el papel. Salió de la habitación en silencio y volvió con otro papel con otro escrito y lo colocó al lado del escrito de su marido.
Cuando el escritor vio el papel, se encontró con lo siguiente:
El año pasado finalmente me deshice de mi vesícula biliar, después de pasar años con el dolor. Cumplí 60 años con buena salud y me retiré de mi trabajo. Ahora puedo utilizar mi tiempo para escribir con mayor paz y tranquilidad. El mismo año mi padre, a la edad de 95, sin depender de nadie y sin ninguna condición crítica, conoció a su Creador. El mismo año, Dios bendijo a mi hijo con una nueva oportunidad de vida. Mi coche fue destruido, pero mi hijo se mantuvo con vida sin ninguna discapacidad.
Al final, ella escribió: ¡Ese año fue una inmensa bendición de Dios!
¡Eran los mismos hechos, pero con diferentes puntos de vista
¿Hacia dónde se dirige la energía de tus palabras hablados o escritos?
EJERCICIO DE ATENCIÓN PLENA: Respiro siete veces profunda, suave y conscientemente; disfruto de mi silencio y coopero con mis sentidos para sincronizarme con mi sabiduría interna y darme cuenta que no es la felicidad la que me hace agradecido, es el agradecimiento lo que me hace feliz.
¿Soy capaz de identificar el impacto de mis palabras? ¿Desde qué tipo de energía me comunico?
La felicidad no depende de lo que tengo, sino de con quién puedo contar en mi vida.
Buen día, te comparto la sugerencia de trabajo interno para el hoy.
Utilizaremos la energía del día para revisar las cinco heridas que impiden ser uno mismo; parte VI y final.
Para quienes preguntaron por mayor información sobre el tema; este ciclo de trabajo interno estuvo inspirado en el libro LAS 5 HERIDAS QUE IMPIDEN SER UNO MISMO, de Lise Burbeau.
Reconocer nuestra limitación humana es el primer paso en el proceso de sanación. Si nos cuesta identificar nuestras heridas es porque nos ocultamos tras una máscara, que se construyó para no ver ni sentir esa herida. Con humildad y sinceridad cada quien puede reconocer sus heridas y sus máscaras.
La herida de la INJUSTICIA y la máscara de la RIGIDEZ.
Sufrimos de la herida de injusticia cuando sentimos que no somos apreciados por nuestro verdadero valor, cuando no nos sentimos respetados o cuando creemos que no recibimos lo que merecemos. También sufre esta herida quien cree que recibe más de lo que se merece.
La herida se activa con el padre del mismo sexo. Si sentíamos que ese padre no expresaba sus sentimientos con nosotros, sufrimos una relación “fría” y superficial con el/ella, lo cual nos limita a podernos expresar y ser nosotros mismos. Si el padre del mismo sexo era además autoritario, crítico y estricto, la herida es mayor. De pequeño quien tiene esa herida siente que es más apreciado por lo que hace que por lo que es.
La reacción de la persona que sufre la herida es disociarse de sus sentimientos, como forma de sentirse protegidos y no vulnerables. Para ese fin construyen la máscara de la rigidez. Físicamente van todo rectos, como si su cuerpo fuera “perfecto”. En el fondo son injustos a sí mismos, pues no se permiten expresar sus verdaderos sentimientos.
Los rígidos son gente muy sensible, pero esconden su sensibilidad, actuando como si nada les tocara sus sentimientos. A los ojos de los demás parecen fríos e insensibles, aunque ellos piensan que son los más sensibles y cariñosos del mundo. Temen la frialdad en los demás y en sí mismos. No pueden aceptar ser fríos pues significa no tener corazón, y eso equivale a ser injusto. Por eso para ellos es tan importante sentir que son “buenas personas” y “buenas en lo que hacen”. Ellos se consideran “perfectos” en primer lugar, y “cálidos” en segundo lugar”.
Los rígidos buscan la justicia por encima de todo. Son perfeccionistas y creen que hacer o decir las cosas a la perfección es justo. Hacen bien las cosas, y de forma rápida. Quieren hacerlo todo para evitar problemas, y si alguna vez tienen algun problema prefieren decir que “todo va bien” para no sentir el sufrimiento. Son muy optimistas. Parecen imperturbables.
Son muy dinámicos, aunque sus movimientos muestran poca flexibilidad, mostrando que están algo cerrados. No les gusta la autoridad, porque para ellos la autoridad siempre tiene “razón”. Para ellos, el merecer las cosas es muy importante. Difícilmente aceptan regalos “sin haberlos merecido” por su esfuerzo. Harán saber a los demás lo que han hecho o están haciendo para mostrarles que son merecedores de su reconocimiento.
Cuando piden explicaciones, los rígidos quieren que todos los detalles sean exactos. Pero cuando ellos tienen que explicar algo, suelen exagerar fácilmente. A menudo utilizan las palabras: siempre, nunca, mucho. No se dan cuenta que exagerar los datos no es ser justo. Cuando les preguntas cómo están, rápidamente te contestarán “muy bien!” para no tomarse el tiempo de sentir cómo están.
La religión tiene un impacto grande en los rígidos. Para ellos el concepto de “bien” y “mal”, “correcto” o “incorrecto” pesa mucho. Por eso tienen mucho miedo a cometer errores. Se exigen mucho a sí mismos, les gustaría tenerlo todo solucionado al instante, son muy impacientes y críticos consigo mismos. Casi nunca están satisfechos por lo que hacen, y eso les drena energía. Por eso sus cuerpos suelen ser delgados. Se comparan con los que consideran que son “más perfectos”, y eso es algo injusto que se hacen a sí mismos. Es una forma de rechazar su ser. Normalmente de pequeños se sintieron comparados con sus hermanos.
Suelen tener problemas de visión, porque es muy difícil para ellos ver que han tomado decisiones poco acertadas o que tienen una percepción mala de una situación. Prefieren no ver nada que sea “imperfecto”, pues así no sufren. Prefieren utilizar la expresión: “no lo veo del todo claro”.
Se sienten culpables si no están haciendo nada mientras otro está trabajando. Lo viven como una injusticia. Para el rígido es difícil conocer y respetar sus propios límites. Se imponen obligaciones aunque no sean coherentes con sus necesidades. Si se permitieran sentir más se harían un favor.
Encuentran injusto tener más privilegios que los demás. Por eso, muchos se sabotean a recibir, otros se centran en aquello que quejarse (y así olvidar sus privilegios) y otros creen que tienen que dar a los demás para ser justos.
Pueden intervenir en una situación si ven que no es justa. Les gusta que todo esté en su sitio, ordenado. Su sistema nervioso está sobreexcitado porque se exigen la perfección, aunque a los demás les parezca gente tranquila (debido a su auto-control). La emoción más común es el enfado, sobretodo hacia ellos mismos, por no alcanzar sus ideales de perfeccionismo. Deben vigilar su hígado si reprimen mucho el enfado. Normalmente quieren dar una “segunda oportunidad” a las personas porque creen que es justo. Si son muy rígidos, no verán su propio enfado y suavizarán la situación excusando a la otra persona.
Los rígidos tienen dificultades en dejarse ir y sentir placer sexual. Les cuesta expresar su ternura. Son sin embargo, los de apariencia más sexy. Cuando se encuentran en una situación emotiva (cumpleaños por ejemplo), tienen dificultad en controlarse.
*¿Eres capaz de identificar esta herida en tu vida?
EJERCICIO DE ATENCIÓN PLENA: Respiro siete veces profunda, suave y conscientemente; disfruto de mi silencio y coopero con mis sentidos para sincronizarme con mi sabiduría interna y darme cuenta que las heridas que no soy capaz de hacerlas consciente se manifiestan en mi vida como destino.
Ejercicio consciente: Toma 30 minutos para ti.
Si reconozco esta herida en mí, puedo sanarla empezando por reconocer cuando soy injusto con los demás y conmigo mismo. Si siento vergüenza, es señal que no soy justo conmigo (ni con los demás).
El niño(a) que se siente rechazado, quiere llegar a ser perfecto, pues tal y como es ahora, no es digno de existir. Cuando pasan los años y el niño siente que su padre del mismo sexo le ama más, lo consideran injusto. Deciden entonces auto-controlarse, exigirse más para así no ser rechazados. Así crean la máscara de rigidez. Se apartan de sus sentimientos para no sentir el dolor del rechazo.
Una vez la herida está sanada, detrás de esa máscara de retraimiento se encuentran personas:
– Dotados para lo creativo, muy dinámicos y entusiastas.
– Capaces de simplificar, explicar claramente y enseñar.
– Sensibles y conocedores de lo que los otros sienten.
– Saben encontrar la persona adecuada para hacer trabajos específicos.
– Pueden manejar situaciones difíciles.
Aquí y ahora aprendo a tomarme tiempo para reconocer mis limitaciones humanas como un primer paso en mi proceso de sanación.
Te comparto la sugerencia de trabajo interno para el hoy.
Utilizaremos la energía del día para revisar las cinco heridas que impiden ser uno mismo; parte V.
Reconocer nuestra limitación humana es el primer paso en el proceso de sanación. Si nos cuesta identificar nuestras heridas es porque nos ocultamos tras una máscara, que se construyó para no ver ni sentir esa herida. Con humildad y sinceridad cada quien puede reconocer sus heridas y sus máscaras.
La herida de la TRAICIÓN y la máscara del CONTROLADOR.
El alma que encarna para sanar esta herida nace con un padre (del sexo opuesto al suyo) con quien hay una fuerte atracción o lazo de amor, generando un fuerte complejo de Edipo que no se ha resuelto. Eso significa que la dependencia del padre de sexo opuesto es muy fuerte, y en sus relaciones futuras esperarán mucho de su pareja, esperando recibir lo que no recibieron de su padre/madre. En sus relaciones les costará comprometerse por miedo a ser decepcionadas (traicionadas).
De niño(a) se sintió traicionada por el padre de sexo opuesto cada vez que ese padre no mantenía su palabra o promesa, o cada vez que no cumplía sus expectativas de “padre ideal”. El niño también se sentía traicionado cada vez que su padre del mismo sexo se sentía traicionado por el padre del sexo opuesto. Una niña podría sentirse traicionada por su padre si sentía que este le daba menos atención cuando nació otro hermanito.
Para no sentir la herida de traición, la personalidad construye la máscara del control. Quieren mostrar al mundo que son gente de confianza, responsables, con palabra, fuertes, importantes.
La traición es tan inaceptable para ellos que son incapaces de reconocer que ellos mismos podrían ser capaces de traicionar a otros (o a sí mismos). Y eso es justamente lo que ocurre, aunque les costará mucho reconocerlo. Si por ejemplo ellos traicionan a alguien no cumpliendo su palabra, encontrarán todo tipo de excusas para justificarse, e incluso pueden mentir (algo inaceptable que hagan los demás). Son muy hábiles en decir a los demás lo que quieren oir, pero pocas veces piensan hacer lo que dicen.
Los controladores tienen fuertes personalidades, son líderes en potencia. Piensan que tienen la razón, intentarán convencerte, y probablemente lo conseguirán. Son de pensamiento y acción rápida, tienen talento pero les falta paciencia y tolerancia hacia los que son más lentos. Cuando las cosas no salen a su manera, pueden volverse agresivos con facilidad, que es una forma de mostrar su “fuerza” y su “control”. En realidad son las personas que tienen más altos y bajos emocionales, y no se dan cuenta que con su actitud volátil hacen que los que les rodean se sientan desorientados y traicionados.
Les gusta tenerlo todo bajo control. Llegan antes a los lugares, les gusta planear el futuro, son muy exigentes con los demás (pero no tanto consigo mismos), y encuentran difícil delegar y confiar en los demás. Cuando ven a alguien del sexo opuesto que no hace nada, le llaman “vago” y encuentran eso como una prueba para no poder “confiar” en esa persona. A los controladores les gusta que todo el mundo sepa lo mucho que ellos han hecho o están haciendo, para sentirse responsables y dignos de confianza.
Les cuesta mucho revelar sus intimidades, por miedo a que sea usado en su contra (desconfianza). Sin embargo, son los primeros en repetir a los demás los rumores de otros, y siempre tendrán “buenas razones” para hacerlo. Les gusta tener siempre la última palabra, les gusta organizar la vida de los demás (es una forma de manipular o controlar al otro). Son personas sensibles pero no muestran su sensibilidad pues están ocupados en mostrar su “fuerza” y su “control”. Tienen que saber un poco de todo pues les cuesta mucho aceptar que pueden no saberlo todo. Si alguien les pregunta algo que no saben, antes que decir “no sé” probablemente se inventarán la respuesta pareciendo que controlan el tema.
Odian sentirse controlados. Tienen problemas con la autoridad, pues piensan que les quieren controlar. No se dan cuenta que normalmente ellos están dando órdenes a los demás y decidiendo por los demás. Les gusta saber qué ocurre en todo momento, y dan su opinión sin que se la pidan. Su reputación es muy importante para ellos. Cuando hablan no se revelarán completamente; sólo hablarán de cosas que realzan su reputación, su confianza y su responsabilidad.
Tienen miedo a admitir sus miedos y a hablar de sus debilidades. Tienen mucho miedo a mostrar su vulnerabilidad, por miedo a que alguien se aproveche de eso y pueda controlarle. No les gustan las sorpresas, pues pueden perder el control. No se dan cuenta con qué frecuencia cambian de pensamiento y toman decisiones de último segundo que sorprenden a los demás. Son rápidos a llamar a los demás “hipócritas”, pues recelan con facilidad. No se dan cuenta que su actitud muchas veces es manipuladora y de hablar a las espaldas de los demás. Si alguien no confía en ellos – lo cual es normal hasta que no se sane la herida- se sienten traicionados.
El controlador tiene mucho miedo al compromiso. Son seductores (para controlar al otro) pero en el fondo tiene miedo que un fuerte compromiso pueda romperse, y sentirse traicionados. Pueden confiar más si no hay sexo involucrado. Sienten más confianza con los amigos que con la pareja, pues con la pareja el miedo a sentir su herida es mayor. El controlador experimenta más separaciones y roturas que cualquier otra persona. Creen que tener una pareja que esté “delante” o al mismo nivel que ellos sería perder el control y la fuerza. Prefieren apartar esa pareja de su vida para siempre por creer que no es digna de su confianza. Cuando empiezan a dejar de sentir la pasión/romance con la pareja, empiezan a sentirse decepcionadas, y encuentran maneras de hacer que su pareja les deje, y así no serán acusadas de traición.
La causa principal de sus problemas sexuales tiene que ver con el vínculo que crearon con el padre de sexo opuesto, a quien idealizaron tanto que ninguna pareja puede cumplir sus expectativas. Pueden incluso renunciar al gozo sexual, y siempre encuentran una buena forma de justificar su decisión.
¿Eres capaz de identificar esta herida en tu vida?
EJERCICIO DE ATENCIÓN PLENA: Respiro siete veces profunda, suave y conscientemente; disfruto de mi silencio y coopero con mis sentidos para sincronizarme con mi sabiduría interna, y darme cuenta que las heridas que no soy capaz de hacerlas consciente se manifiestan en mi vida como destino.
Ejercicio consciente: Toma 30 minutos para ti.
Si considero que tengo esta herida es importante darme cuenta y reflexionar que es mi padre del sexo opuesto quien la activa. Quien a su vez, tal vez ha sufrido la misma herida con su padre del sexo opuesto.
Normalmente quien tiene la traición como herida, tiene la herida del abandono. Por no querer o no poder aceptar su dependencia afectiva (con el padre de sexo opuesto) desarrollan la coraza y la máscara de control que les impida ver su herida de abandono.
Aquí y ahora aprendo a tomarme tiempo para reconocer mis limitaciones humanas como primer paso para mi proceso de sanación.
Te comparto la sugerencia de trabajo interno para el Hoy
Utilizaremos la energía del día para revisar las cinco heridas que impiden ser uno mismo; parte IV.
Con humildad y sinceridad cada quien puede reconocer sus heridas. Reconocer nuestra limitación humana es el primer paso en el proceso de sanación. Si nos cuesta identificar nuestras heridas es porque nos ocultamos tras una máscara, que se construyó para no ver ni sentir esa herida.
Veamos la siguiente herida con su máscara correspondiente:
La herida de la HUMILLACIÓN y la máscara del MASOQUISMO.
La herida de la humillación se despierta en el niño cuando este siente que alguno de sus padres (indistinto el sexo) se siente avergonzado de él, o tiene miedo que se pueda sentir avergonzado porque se ha ensuciado, porque no guarda las formas sociales, o porque va mal vestido, etc. El niño se siente degradado, comparado, mortificado o avergonzado a nivel físico de “hacer” o “tener”. Uno puede sentirse culpable sin sentirse avergonzado, pero quien se siente avergonzado también se siente culpable.
Sentimos culpa cuando juzgamos que la cosa que hicimos (o no hicimos) está mal hecha. Sentimos vergüenza cuando consideramos que nosotros somos malos por hacer o no hacer algo. Normalmente la herida se activa con la madre, pero puede activarse con el padre si este era quien “controlaba” al niño y hacía el papel de madre, enseñándole como comer correctamente, cómo estar limpio, etc.
La humillación se despierta -por ejemplo-, cuando el niño escucha a su madre contando a su padre lo que ha hecho el niño. O cuando la madre descubre al niño tocandose los genitales y le grita: “no te da vergüenza?”. O cuando el niño ve a su padre desnudo y este rápidamente se tapa, el niño aprenderá a tener vergüenza de su propio cuerpo.
El niño se siente humillado si siente que sus padres controlan sus movimientos, dejándole poca libertad. Para no sentir la herida, el niño desarrolla la máscara masoquista. Con esa protección, el niño aprenderá a castigarse a sí mismo (humillarse) antes de que lo hagan otros. El cuerpo de una persona con la herida de la humillación suele ser de formas redondas y llenas.
El masoquista quiere demostrarse a sí mismo que es alguien sólido y que controla su vida (y la de los demás). A menudo lo encontramos ocupándose de los problemas de los demás, y olvidándose de sí mismos. Cuanto más responsabilidades de otros asumen, más peso coge su cuerpo. El masoquista piensa que ayudando a los demás evitará que se sientan avergonzados de él, pero a menudo se acaba sintiendo humillado y como si los demás se aprovecharan de su buena voluntad. A menudo son mediadores entre dos personas.
Los masoquistas no se dan cuenta que haciendo todo por los demás, acaban humillando a los demás, pues les hacen sentir que solos no podrían hacerlo. Deben aprender a no tomar tanto espacio en la vida de las personas a quienes aman. Deben aprender a dejar los demás tomar decisiones por sí mismos.
Los masoquistas generalmente no están en contacto con sus sentimientos pues tienen miedo de que los demás o sus madres se molesten o se avergüenzen de ellos. En el fondo les gusta la ropa bonita y el lujo, pero como creen que tienen que sufrir, no se permiten esos regalos. Son hiper-sensibles, y la mínima cosa les puede herir. Un comentario crítico ligero les puede hundir. Por eso hacen todo lo posible para no herir a los demás. Tan pronto alguien a quien aman se siente infeliz, el masoquista se siente responsables. Se culpan por todo, y asumen la culpa de los demás. Es su manera de ser “buenas personas”. No se da cuenta que estando tan empatizado con el humor del otro, se desconecta de sus propios sentimientos y necesidades. A menudo hacen cosas por los demás (como pintar la casa de otro) que no harían para sí mismos. La mujer que limpia la casa cuando vienen invitados, pero que no la limpia cuando está sola (pues no se siente lo suficiente importante).
El masoquista se siente unworthy, sin valor, no merecedor de ser amado o reconocido. Al creer que no tiene valor o importancia, cree que merece sufrir. Los masoquistas a menudo se siente sin poder frente aquellos cercanos a quienes aman. Cuando son culpabilizados (algo que atraen inconscientemente), se quedan mudos, paralizados, sin saber como defenderse.
La libertad es muy importante para los masoquistas. Ser libre significa no tener que dar explicaciones a nadie, no ser controlado por nadie, hacer lo que quieras cuando quieras. Cuando eran jóvenes, a los masoquistas les faltó libertad con sus padres. Cuando consiguen sentirse libres viven al máximo la vida, sin límites. Eso les lleva a comportamientos extremos (hacen demasiado, ayudan demasiado, gastan demasiado, creen que tienen demasiado, etc). Cuando viven sin límites se sienten avergonzados porque se sienten humillados por la mirada y comentario de los demás. Por eso tienen terror a encontrarse a sí mismos sin límites: creen que harían cosas que avergonzarían a los demás. Además creen que si se ponen a sí mismos en primer lugar, no serían de ayuda para los demás.
Su mayor miedo es la libertad. Se sabotean de muchas formas:
– Un hombre que se siente libre de tener varias novias, se creará problemas para verlas y esconder las unas de las otras.
– Un hombre que se siente atrapado en casa por su mujer controladora, se buscará dos trabajos para estar siempre fuera de casa. Creerá que así es libre, pero se engaña.
Lo que un masoquista hace para liberarse en un área le aprisiona en otra.
Los masoquistas tienen dificultades para satisfacerse o gozar. Cuando sienten placer estando con alguien o haciendo algo, se critican y se castigan por creer que están aprovechandose del otro. Aprovecharse del otro es lo último que desean, no quieren ser acusados. Por eso tienen dificultades con la sexualidad, pues les despierta culpa. De jóvenes se controlaban (reprimían) para que sus madre no se sintiera avergonzada. El sentido del deber es muy importante para ellos.
Pueden tener problemas de páncreas (diabetis y hipoglucemia), pues tienen dificultades para tratarse con dulzura. También pueden tener problemas de corazón pues no se aman a sí mismos lo suficiente, o no se sienten importantes como para sentir alegría. Normalmente, su forma de recompensarse es comiendo.
¿Eres capaz de identificar esta herida en tu vida?
EJERCICIO DE ATENCIÓN PLENA: Respiro siete veces profunda, suave y conscientemente; disfruto de mi silencio y coopero con mis sentidos para sincronizarme con mi sabiduría interna, y darme cuenta que las heridas que no soy capaz de hacerlas consciente se manifiestan en mi vida como destino.
Ejercicio consciente: Toma 30 minutos para ti.
Para ser consciente de la herida de la humillación, reconoceré las veces en las que me he sentido avergonzado de mi mismo o de otros, y las veces en que me he humillado a mi mismo… sintiéndome sin ningún valor, o me he comparado o criticado duramente. También me daré cuenta de las veces que he humillado al otro haciendo demasiado por él. Es importante que me de cuenta si mi madre o padre también sufren la misma herida.
Una vez que la herida está sanada, detrás de esa máscara masoquista se encuentran personas:
– Que conocen y respetan sus necesidades.
– Sensibles a las necesidades de los demás, y capaces de respetar la libertad del otro.
– Buenos conciliadores o mediadores.
– Joviales.
– Altruistas, generosos.
– Organizadores con talento.
– Sensuales, saben como gozar del amor.
– Con mucha dignidad; están orgullosos de ser quienes son.
Aquí y ahora aprendo a tomarme tiempo para sentir mis necesidades antes de decir “SÍ”; Asumir mi responsabilidad y liberarme de la carga y la culpa de los demás.
Te comparto la sugerencia de trabajo interno para el hoy.
Utilizaremos la energía del día para revisar las cinco heridas que impiden ser uno mismo; parte III.
Con humildad y sinceridad cada quien puede reconocer sus heridas. Reconocer nuestra limitación humana es el primer paso en el proceso de sanación. Si nos cuesta identificar nuestras heridas es porque nos ocultamos tras una máscara, que se construyó para no ver ni sentir esa herida.
Veamos la siguiente máscara:
La herida del ABANDONO y la máscara de DEPENDENCIA.
La herida del abandono se siente más al nivel del “hacer y tener” que en el nivel del “ser” (como es el caso de la herida del rechazo).
Situaciones que pueden despertar la herida del abandono son:
– La madre debe ocuparse de su recién nacido bebé. El otro hijo puede sentirse abandonado.
– Si los padres trabajan todo el día y no tienen tiempo para los niños, pueden sentirse abandonados.
– Si el niño tiene que estar en cama en el hospital sin entender qué le ocurre, puede sentirse abandonado.
– Si el niño debe quedarse en casa de su tía durante unas cortas vacaciones, puede sentirse abandonado.
Normalmente la herida del abandono se reaviva con el padre de sexo opuesto. Normalmente quien sufre de abandono también sufre de rechazo (con el padre del mismo sexo). Mientras sigamos estando resentidos con alguno de nuestros padres, tendremos dificultades con las personas del mismo sexo que nuestro padre a quien no hemos perdonado. Para perdonar, no hay nada mejor que comprender que él/ella son también víctimas de sus padres, y que les acusamos de algo que nosotros mismos hacemos a ellos.
Quien sufre de abandono siente que no tiene suficiente alimento afectivo. Para no sentir esa carencia afectiva, se construyen la máscara de la dependencia.
Los dependientes piensan que nunca serán capaces de valerse por sí mismos, y que necesitan a alguien a quien apoyarse. Algunas partes de su cuerpo se muestran flácidas o sin tono muscular, como si no pudieran aguantarse solas. Los dependientes tienden a adoptar el papel de víctima. Atraen problemas para atraer la atención de los demás. Pero la atención de los demás nunca es suficiente para ellos. Sueñan en destacar o tener papeles “estrella” ante grandes audiencias. Su necesidad de atención es insaciable, por eso cuando comen no ganan peso, pues hay en ellos una creencia profunda que dice que “nada es suficiente”.
A los que adoptan el papel de víctima les suele gustar adoptar el papel de salvador. Jugarán el papel de “padre o madre” con sus hermanos o tratarán de salvar alguien a quien aman y que está en dificultades. Hacen para los demás para sentirse importantes, y esperan afecto a cambio. Asumen responsabilidades que no les corresponden, y sufren por los demás, dependiendo su felicidad de la felicidad del otro. Su gran abertura del plexo solar (empatía) no es sana para ellos ni para los demás.
Creen que si logran hacerlo todo bien solos, nadie se ocupará de ellos en el futuro, y para tratar de evitar ese posible aislamiento, buscan alguien con quien sentirse apoyados para realizar sus proyectos.
Los dependientes tienen muchos altos y bajos. Su gran miedo a estar solo es lo que genera esas subidas y bajadas de humor. Pueden aguantar lo inaguantable con una pareja para no sentirse solos. Viven en la esperanza emocional de que en el futuro las cosas pueden cambiar. Tiene problemas con la palabra “dejar”. Si alguien les dice “te tengo que dejar, tengo que irme”, se sentirán heridos. Tienen dificultades en dejar una situación, persona o lugar.
La emoción más intensa que siente un dependiente es la tristeza. Buscan la compañía de los demás para no sentir esa tristeza. Pueden usar el sexo para sentirse próximas a la otra persona. Tienen miedo de todas las formas de autoridad, pues piensan que alguien autoritario es frio y no va a cuidarse de ellos. Por eso los dependientes son cálidos con los otros.
Temen recibir demasiada atención de los demás, por miedo a sentir emociones demasiado profundas de abandono. Tan pronto la relación se vuelve intensa, buscan una manera de hacer que acabe. Necesitan atención de su pareja, pero no dan al otro lo que le piden. Si el dependiente quiere tomarse un rato para leer a solas, todo está bien. Pero si es la pareja quien decide tomarse un rato para leer a solas, se lo toman como si no fueran importantes para ser tomados en cuenta.
Pueden acusar a Dios de abandonarles en la vida. No se dan cuenta con qué frecuencia ellos mismos decepcionan a los demás, o con qué facilidad abandonan proyectos sin acabar. Cuando se dan cuenta del problema que trae su dependencia, en lugar de aceptarla, intentan ser independientes. Muchos que tienen la herida del abandono no quieren ver su dependencia, y se creen los más independientes. La autonomía es sana, no la independencia.
¿Eres capaz de identificar esta herida en tu vida?
EJERCICIO DE ATENCIÓN PLENA: Respiro siete veces profunda, suave y conscientemente; disfruto de mi silencio y coopero con mis sentidos para sincronizarme con mi sabiduría interna, y darme cuenta que las heridas que no soy capaz de hacerlas consciente se manifiestan en mi vida como destino.
Ejercicio consciente:
Busco en mi historia de vida, señales o huellas de la herida del ABANDONO y la máscara de DEPENDENCIA.
Aquí y ahora acepto mis heridas, reconozco mi trabajo interno y agradezco a los maestros que encuentro en el camino.
Buen día, te comparto la sugerencia de trabajo interno para el hoy.
Utilizaremos la energía del día para revisar las cinco heridas que impiden ser uno mismo; parte II.
No necesariamente tenemos las cinco heridas. Con humildad y sinceridad cada quien puede reconocer sus heridas. Reconocer nuestra limitación humana es el primer paso en el proceso de sanación. Si nos cuesta identificar nuestras heridas es porque nos ocultamos tras una máscara, que se construyó para no verla ni sentirla.
Veamos la primera máscara:
La herida del RECHAZO y la máscara de RETRAIMENTO.
Rechazar alguien es repelerlo, echarlo. La persona que nos rechaza nos dice “no te quiero a mi lado”. La persona que nos abandona dice “no puedo tenerte conmigo”, y nos deja para ir en busca de algo o de alguien. Hay que tener clara la diferencia entre rechazo y abandono.
La herida del rechazo es muy profunda, pues hace sentir a uno que su “derecho a existir” está siendo rechazado.
Un ejemplo claro son los bebés que no son bienvenidos al tenerse por accidente. La herida se activa sobretodo en la relación con el padre del mismo sexo. Es del todo humano pues, que no aceptes o odies al padre que tiene el mismo sexo que tu. No significa que tu padre te rechazara. Significa que tu interpretaste una o varias experiencias como si fueran un rechazo de tu persona. Otra persona lo podría haber vivido como una humillación.
Piensa que cuando un padre no se acepta sí mismo (se rechaza) y tiene un hijo del mismo sexo, es normal y humano que inconscientemente rechace a ese hijo, pues constantemente le recuerda su propio auto-rechazo.
Si sufres de la herida del rechazo, la no aceptación del padre del mismo sexo explica las dificultades que tienes en aceptarte y amarte a ti mismo. El padre del mismo sexo nos enseña a amar, a dar amor. El padre del sexo contrario nos enseña a ser amados, a recibir amor.
La persona con esta herida tiene ganas de desaparecer.
No quiere ocupar su espacio en la vida por miedo a ser rechazado. La máscara tras la cual se esconde esta herida se llama “retraimiento”, “retirada” o withdrawal en inglés. Sus cuerpos casi no tienen carne en los huesos, indicando que quieren desaparecer. Son personas que se cuestionan su derecho a existir, y parecen que no están totalmente encarnadas o enraizadas en sus cuerpos.
Los niños que construyen la máscara de retirada para no sentir el rechazo, son niños que viven en un mundo imaginario, son niños calmados que no hacen demasiado ruido y pasan desapercibidos. Sus cuerpos parecen frágiles, y eso hace que la madre sobreproteja al niño. Los niños sobreprotegidos se sienten sofocados por la madre; se sienten rechazados por no ser aceptados con sus limitaciones, tal y como son.
La persona que sufre el rechazo vive separada del mundo material, incluso de su instinto sexual. Suele atraer parejas que le rechaza sexualmente, o simplemente decide cortar su sexualidad por considerarlo “poco espiritual”.
Los retraídos creen que no tienen ningún valor.
Por eso intentarán ser perfectos, para merecer ese valor que sienten que les falta. Un hombre que diga “a los ojos de mi padre no soy nadie, y no hago nada bien” intentará ser perfecto (con todo el sufrimiento que conlleva tal exigencia) para ganarse algo de auto-valoración. Para ellos, ser juzgados por lo que hacen es igual a ser rechazados. Quieren hacerlo todo tan perfecto que les toma más tiempo de lo normal.
Los retraídos no sabrían qué hacer si reciben demasiada atención. Es como si su existencia fuera demasiada para ellos mismos. Por eso prefieren estar solos. Al aislarse lo que hacen es sentirse más y más marginados o rechazados.
Los retraidos se angustian cuando piensan que han podido rechazar algo o alguien (especialmente del sexo opuesto). Si tienes miedo a rechazar alguien, probablemente terminarás haciéndolo. Cuanto más miedo tenemos, más probabilidades hay que ese algo se materialice. Los retraídos se comparan con otros, y siempre se encuentran con menos valía que los demás. Les cuesta creer que alguien se pueda fijar en ellos e incluso enamorarse de ellos. Normalmente sabotean sus éxitos, pues no se sienten merecedores. Si sienten que acaparan demasiado espacio o atención, se bloquean pensando que están molestando a los demás, y temen ser rechazados. La parálisis ocurre sobretodo con gente del mismo sexo.
Si alguien les interrumpe cuando hablan, pensarán que es porque “no son suficientemente importantes”, y dejarán de hablar. Si interrumpes a alguien que NO sufre de la herida del rechazo, pensará que “lo que dice no es importante”, pero él sigue siendo igual de importante que antes. Los retraidos tienen miedo a dar su opinión si no se les pregunta, por miedo a confrontar a los demás, y exponerse a un rechazo. Tienen miedo a molestar a los demás. Se ocultan tras la máscara de la “vergüenza” y les impide mostrarse y ocupar su lugar.
Sus ojos esconden miedo. Pueden tener problemas de memoria debido a ese miedo tan profundo. Para retirarse más acuden a veces a las drogas y al alchool. No se permiten ser niños, se fuerzan a madurar rápido pensando que así serán menos vulnerables al rechazo. Por eso parte de su cuerpo parece a la de un niño. Como tienen dificultad para reconocerse como “alguien”, a menudo tratan de llegar a ser como otra persona.
Si no se dan permiso para odiar al padre del mismo sexo, su rechazo no aceptado puede conducirles al cáncer, una enfermedad asociada con el resentimiento que se sufre en aislamiento. Si reconoces que sufres de la herida del rechazo, es muy probable que el padre de igual sexo que tu también la sufra, y no sólo se haya sentido rechazado por su padre del mismo sexo, sino que se sienta rechazado por ti.
Acusamos a otros por todo lo que hacemos nosotros pero no queremos ver. Por eso atraemos personas que nos muestran qué hacemos a los demás o a nosotros mismos.
¿Eres capaz de identificar esta herida en tu vida?
EJERCICIO DE ATENCIÓN PLENA: Respiro siete veces profunda, suave y conscientemente; disfruto de mi silencio y coopero con mis sentidos para sincronizarme con mi sabiduría interna, y darme cuenta que una vez que la herida está sanada, detrás de esa máscara de retraimiento se encuentran personas:
– Con muchos recursos, dotados para lo creativo y la imaginación.
– Capaces de ser independientes y trabajar solos.
– Eficientes y con capacidad para tratar hasta el mínimo detalle.
– Capaces de actuar en casos de emergencia.
– Pueden disfrutarse a sí mismo y ser felices solos.
Ejercicio consciente:
Busco en mi historia de vida, señales o huellas de la herida del RECHAZO y su máscara correspondiente.
Aquí y ahora acepto mis heridas, reconozco mi trabajo interno y agradezco a los maestros que encuentro en el camino.
Te comparto la *sugerencia de trabajo interno* para el hoy.Utilizaremos la energía del día para *volver a nosotros mismos*.
VOLVÍ A MÍ Y SUCEDIÓ LA MAGIA.
«Dejé de insistir donde no había lo que buscaba.
Dejé de pedir con las manos cerradas.
Dejé de esperar en sillas ocupadas.
Dejé de intentar en un cuerpo ajeno.
Deje de poner mis expectativas en personas ocupadas.
Dejé de pretender que el otro entendiera.
Dejé de poner los ojos y la esperanza en corazones que no querían latir al lado mío.Y entonces, surgió la magia.Volví a mí, como único destino posible.
Volví a mí, como único camino disponible.
Volví a mí, como el único reencuentro pendiente.
Volví a mí y pude verme las costillas, los dolores y mi alma deshidratada, pidiendo agua.Y me recibí. Me acaricié. Me perdoné.Me recosté sobre mi hombro.Me nombré con mi propia voz.Y me encontré. Distinta pero intacta. Me tuve otra vez. Me tengo otra vez.
Y entonces, surgió la magia.Tengo las llaves de las puertas que quiero abrir.
Acá, adentro.
Afuera solo están las cerraduras.
Pero yo decido dónde y de mí depende cómo.
Yo decido dónde…
Yo elijo cómo…
Yo elijo con quién…
Yo decido que quiero …
¡Yo decido que merezco… y que quiero!Y la magia vivió en mí, porque nunca se fue, porque siempre habito en mí
pero no se me permitía verla,
por rechazarme y
así baje a mis sombras y resucité,
me abrace me acepte y seguí viva…No me hago pedazos por mantener a los demas completos.Hoy los suelto y sigo entera»
*EJERCICIO DE ATENCIÓN PLENA:*
Respiro *siete veces* profunda, suave y conscientemente; disfruto de mi silencio y coopero con mis sentidos para sincronizarme con mi sabiduría interna, *regresar a mi fuente, a mi luz, a mi esencia, a mi magia*.Aquí y ahora atiendo las palabras de
*Johann Wolfgang*._“MAGIA es creer ti mismo. Si puedes hacer eso, puedes hacer que cualquier cosa suceda.”
Te comparto la sugerencia de trabajo interno para el miércoles 13 de noviembre, 2019.
Utilizaremos la energía del día para redefinir si somos fósforo o vela.
Cierto día, el fósforo le dijo a la vela:
-Hoy te encenderé.
-¡Oh no!, dijo la vela, tú no te das cuenta que, si me enciendes, mis días estarán contados; no me hagas una maldad de esas.
-¿Entonces tú quieres permanecer así toda tu vida? ¿Dura, fría y sin haber brillado nunca? preguntó el fósforo.
-¿Pero tienes que quemarme? Eso duele y además consume todas mis fuerzas, murmuró la vela.
Entonces respondió el fósforo:
-¡Tienes toda la razón!. Pero esa es nuestra misión. Tú y yo fuimos hechos para ser luz y lo que yo como fósforo puedo hacer es muy poco, mi llama es pequeña y mi tiempo es corto. Pero si te paso mi llama, habré cumplido con el propósito de mi vida; yo fui hecho justamente para eso, para comenzar el fuego.
Ahora, tú eres una vela y tu misión es brillar. Todo tu dolor y energía se transformará en luz y calor por un buen tiempo.
Oyendo eso, la vela miró al fósforo que ya estaba en el final de su llama y le dijo:
-¡Por favor, enciéndeme!
Y así produjo una linda y brillante llama.
Así como la vela, a veces, es necesario pasar por experiencias duras, experimentar el dolor y sufrimiento para que lo mejor que tenemos surja, sea compartido y podamos ser LUZ.
Recuerda que “mar calmado no hace buenos marineros”, los mejores son revelados en las aguas agitadas.
Entonces, si tuvieras que pasar por la experiencia de la vela, recuerda que servir y compartir el amor es el combustible que nos mantiene vivos.
EJERCICIO DE ATENCIÓN PLENA: Respiro siete veces profunda, suave y conscientemente; disfruto de mi silencio y coopero con mis sentidos para sincronizarme con mi sabiduría interna, y darme cuenta que soy luz para el mundo y que parte de mi misión es aprender a ser guía, irradiando mis dones y talentos.
Aquí y ahora atiendo las palabras de Confucio, filósofo chino -550 – -478 a.C.
“Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad.”